Cartucho .45 American Colt Pistol “American Power”

El cartucho del que nos ocupamos estuvo disponible junto a un modelo de pistola Colt ya en 1905. Había nacido por necesidad operativa y fue tras la adopción de la pistola Government, en 1911, cuando inició una historia que mantendría 70 años como reglamentarios a arma y munición, además de que ambos se convirtieron en auténticos iconos americanos. Y su fama, el ser verdaderos mitos en los USA, está muy lejos de desaparecer.

Desde la aparición del primer cartucho metálico (el .22 Corto que reseñamos en el artículo dedicado a Smith & Wesson de este mismo número), prácticamente todos los diseñadores y fabricantes comenzaron una espectacular lucha por ofrecer las municiones más idóneas, y sin duda fueron numerosas. Sin embargo, el propio mercado se encargó de cribar aquella oferta para hacer que sólo algunas fueran perfeccionándose, a la vez que aparecían nuevas opciones. Y se dieron casos en los que hasta armas de diferente tipo y marca emplearon el mismo cartucho, como sucedió con el .44-40 desarrollado por Winchester para sus rifles que a la vez se convirtió también en una magnífica opción en los revólveres de Colt, siendo en ambos casos modelos de 1873. Y ese fue precisamente el año en que los militares estadounidenses se decantaron por un revólver de Colt (el Single Action Army, o Simple Acción para el Ejército), que utilizaba un cartucho de calibre .45 y pesado proyectil de plomo que se denominó .45 Colt Largo.

 Avanzando los años, entre el final del Siglo XIX y principios del XX (cuando se produjo la breve pero intensa Guerra entre España y los EE.UU. en Cuba y Filipinas), el Arma de Caballería Estadounidense inició diversas pruebas de cara a sustituir ese revólver del .45 LC que tenía como reglamentario a favor de otro modelo más cómodo y versátil con mecanismo de doble acción, situación a la que se unió el Ejército en su conjunto.

Las pruebas acabaron con la adopción de otro Colt, pero reduciendo el cartucho al denominado .38 Long Colt. Y si el arma era más manejable y con la ventaja añadida de un más moderno mecanismo, no es menos cierto que fueron muchos los que criticaron la importante pérdida de potencia

respecto del anterior .45 LC.

Solución “por necesidad”

Y fueron una serie de hechos relevantes producidos desde la presencia de las tropas estadounidenses en Filipinas, de donde habían expulsado a los españoles, haciendo creer a los locales que iban a gozar de una libertad plena, lo que evidentemente no fue así, lo que propició que sufrieran varios atentados por parte de insurgentes musulmanes, principalmente desde la isla de Joló, que machete en mano se lanzaban sobre oficiales americanos. Fueron varios los así asesinados, dándose la circunstancia de que en más de un caso el militar pudo hacer uso de su revólver reglamentario del.38, lo que no pudo impedir que cayera bajo el acero del juramentado.

 El caso fue que los revólveres “obsoletos” del .45 volvieron a ocupar las fundas de los militares, habiendo quedado dramáticamente clara la necesidad táctica de disponer de un cartucho con poder de parada superior, y no con la intención de matar al oponente, al asesino en este

caso, sino suficiente para impedir que él acabase con su víctima, tal como contempla el concepto básico de la defensa personal. Era algo parecido en la cuestión balística a lo que ya habían padecido los americanos con el cartucho de sus fusiles Krag (.30-40 K), o hasta los ingleses con el .303 B, lo que éstos paliaron desarrollando una bala expansiva en el arsenal de Dum-Dum (India), que por supuesto resultaba mucho más lesiva pero que por este mismo motivo acabaría siendo prohibida por las convenciones internacionales sobre la Guerra.

¡Eficacia balística!

Con esa importante cuestión a solucionar, el general del U.S. Army John Taliafero Thompson (que después se haría famoso por diseñar un excelente subfusil), y el médico militar Louis Anatole La Garde organizaron una serie de exhaustivas pruebas de cara a conseguir esa nueva munición que resultara realmente eficaz para las tropas de su país. Y los exhaustivos ensayos incluyeron hasta pruebas balísticas sobre

cadáveres humanos y de distintos animales, confirmando efectivamente que el calibre .45 (11,43 mm en sistema métrico decimal), era del todo recomendable, sin obviar que su retroceso debía implicar un suficiente entrenamiento por parte de los soldados para manejarlo correctamente…

 (Seguir leyendo en el nº 88 de Armas Internacional. Artículo de 14 páginas y 50 imágenes con sus correspondientes comentarios. Puede conseguir la revista en formatos impreso y digital desde la Tienda OnLine