Es el título de una antigua y sugestiva canción, un cuplé, del que se dice es un estilo popular, que puede hasta ser un tanto áspero o grosero. Pero no se preocupen, que no me he vuelto loco ni nos vamos a sumergir en ambientes musicales. 

Ha sido sólo que, aunque un servidor tuvo la suerte de abandonar el tabaco, la expresión me venía al pelo al recordarme las numerosas llamadas y e-mails que nos siguen preguntando por el nuevo Reglamento de Armas, ése que todos sabemos quedó en proyecto (y ojalá siguiera así hasta el fin de los días si no se modifica con lógica), pero del que seguimos sin saber nada en absoluto. Lo que por supuesto hemos de entender como evidente según la situación que estamos viviendo en nuestra querida España. 

 

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Seguro que muchos de ustedes llevan años, décadas, leyendo estas líneas con las que siempre comienzo las revistas (lo que les agradezco de corazón), y por ello bien saben que me he repetido afirmando que una publicación “de armas”, al menos bajo mi criterio y en este país, no debe inmiscuirse en política. Pero no sólo es que lamente, como tantos, que llevemos ya muchos meses sin gobierno, sino también que haya quienes siguen amenazando a nuestro país “desde dentro”, y hasta quienes estén convirtiendo las calles de muchas ciudades en campo abonado para ladrones y traficantes, llegando ya a la excesiva presencia de heridos y hasta asesinados, y todo ello obviando un buen número de actos delictivos que ocuparían demasiadas líneas en esta página. 

 

Y si antes hablaba del Reglamento de Armas ahora digo que toda esta multitud de delincuentes va a propiciar, muy posiblemente, que esa ley se vuelva más dura y más negativa en todos los sentidos para los cientos de miles de ciudadanos legales que en absoluto tenemos nada que ver con la legión de “gentes de mal vivir”, salvo padecer sus amenazas, acosos y hasta agresiones –en el más exacto sentido de la palabra–, por su existencia tan lamentable como próxima. 

 

Hay ciudades emblemáticas por multitud de cosas maravillosas en nuestra tierra (en España quiero decir), y alguna de ellas se está viendo literalmente “machacada” por la acción de una enorme y variada horda de delincuentes que roban, golpean y hasta matan para conseguir su botín de cada día. Y están ganando la partida por lo que podemos ver y escuchar en los medios de comunicación. 

He leído que las ventas de sprays de defensa personal han subido casi un 40% en los últimos meses en Barcelona. Y al margen de desear que sean del todo eficaces sirviendo a ciudadanos inocentes y víctimas de este desaguisado, no dudo que de no cambiar drásticamente la situación se produzca la desgracia de contabilizar más y más armas en manos tan indebidas como peligrosas. 

 

Usan cuchillos de todo tipo y navajas, ya se ven defensas extensibles y –pido a Dios que me equivoque–, es sólo cuestión de tiempo que empiecen a usar pistolas. Y creo que todo ello va a perjudicar a los “legales”, y llegará el “hiper-control” y las prohibiciones, y entonces resultará que la LIBERTAD pasará a valer UNA MIERDA, para nosotros cuando es la misma que les debía haber faltado a los delincuentes que nos atacan cada día... y cada noche. ¡Ya basta! 

 

Luis Pérez de León 

Director